Un promotor del diálogo interreligioso

2013. Creer firmemente que todas las creencias religiosas tienen un punto de conexión y que lo importante es avanzar por esa línea, en procura del diálogo y la unidad, es el punto de partida de su rico trabajo en pos de tender lazos con otros cultos del actual Papa Francisco.

Compartimos aquí el artículo del diario La Nación del día domingo 28 de abril de 2013:

El papa que cree en todas las religiones

En Francisco. El papa de la gente (Aguilar), Evangelina Himitian describe a Bergoglio como un líder dedicado a tender puentes con otras creencias

Bergoglio suele decir que para ser un buen católico, antes hay que ser un buen judío. Es capaz de finalizar una misa en un colegio católico anunciándoles a los presentes que va a orar como los evangélicos. Sin miramientos, una vez dijo que le gustaría que muchos cristianos tuvieran el compromiso y la integridad de un amigo suyo ateo. Todas las semanas se reunía a orar durante una hora con el jardinero del Arzobispado, que es pentecostal. Y hace pocos días, les pidió a los católicos que se reconciliaran con los musulmanes. ¿Quién es Francisco… Ciertamente, un hombre de todas las religiones.

Está convencido de que todas las creencias tienen un punto en el que se conectan. La habilidad es encontrar ese punto y dejar de lado las diferencias, para avanzar en el diálogo y la unidad. Durante sus años al frente de la Iglesia de Buenos Aires y de la Argentina, Jorge Bergoglio tuvo tres obsesiones: la pobreza, la educación y el diálogo interreligioso. Trabajó como pocos para tender lazos duraderos con otros cultos.

Se hermanó con diferentes credos y estableció relaciones de amistad con rabinos, pastores y líderes musulmanes, entre otros. Y se dice que trabajó como pocos porque lo hizo en silencio. Nunca quiso anuncios altisonantes al respecto. En cambio, se ocupó del contacto personal y de conocer no sólo a los líderes de otros movimientos religiosos, sino también a su gente. […]

Desde el primer momento, como número uno de la Iglesia local, Bergoglio se propuso ser el continuador de una obra que había iniciado su antecesor, monseñor Antonio Quarracino. Si bien no puso los pilares, que ya habían sido colocados, fue el constructor de un sólido edificio que alcanzó su punto más alto en el encuentro con los líderes de todas las religiones en el Vaticano, ya como Francisco. En ese “cónclave histórico”, celebrado en el espectacular marco de la Sala Clementina del Palacio Apostólico, el Papa recibió a representantes de treinta y tres confesiones cristianas (anglicanos, evangélicos, luteranos, metodistas y ortodoxos, entre otros) y de las religiones judía, musulmana y budista, en un colorido crisol de credos, en el que desfilaron por la sala kipás judías, taqiyahs musulmanes, capuchas armenias y túnicas budistas.

En ese encuentro, Francisco brindó un apasionado discurso en el que convocó a la unidad y a sembrar el diálogo interreligioso. “La Iglesia Católica es consciente de la importancia que tiene la promoción de la amistad y el respeto entre hombres y mujeres de diferentes tradiciones religiosas -dijo-. Y podemos hacer mucho por el bien de los que son más pobres, de los más débiles, de los que sufren, para promover la justicia, para promover la reconciliación, para construir la paz.”

Como arzobispo de Buenos Aires, Bergoglio también había encabezado y fomentado encuentros con judíos, musulmanes y evangélicos. Desde la mesa del Diálogo Argentino, a la que sentó a representantes de los distintos cultos, hasta encuentros ecuménicos en los que diferentes credos se juntaron a debatir sobre los temas que atraviesan a toda la sociedad y, por supuesto, a todas las creencias religiosas. […]

Dentro del judaísmo hay diversas posturas con respecto al diálogo interreligioso. Están los que adhieren de palabra , los que no están interesados en fomentarlo, y aquellos que interactúan y se involucran de lleno, hasta casi desdibujar los límites entre una religión y otra. El rabino Sergio Bergman, sin duda, pertenece a este último grupo. Él mismo se define como un ” freelance de la Iglesia Católica” y no duda en identificar a Bergoglio como su mentor y rabino.

” Rabi significa maestro -explica Bergman en su oficina del primer piso del emblemático templo de la calle Libertad, en el centro porteño, la primera sinagoga del país-. Un rabino es un maestro en la ley confesional, pero, en mi visión, es un término mucho más amplio. Por eso digo que Bergoglio es mi rabino, mi maestro.”

La última ceremonia que compartieron ambos referentes religiosos fue en diciembre de 2012, cuando Bergoglio llegó hasta la sinagoga de la calle Arcos, entre Olazábal y Blanco Encalada, en el barrio porteño de Belgrano, a encender las velas de Hanukkah, en coincidencia con la Navidad cristiana. No fue la única ocasión: hace algunos años el arzobispo de Buenos Aires encabezó la ceremonia y dio el sermón de Iom Kipur, el día judío del arrepentimiento, considerado la festividad más santa y solemne del año, en la sinagoga de la calle Libertad. “Yo le agradecí el coraje de haber venido al templo en el día más sagrado e importante para nosotros. Y él me dijo: «Acá el que tiene coraje y valor sos vos. El templo está lleno de todos tus feligreses y me das la palabra a mí. ¡Estás loco!». Y tenía razón: más de uno se levantó y se fue.”[…]

El año 2001 no sólo quedó marcado a fuego en la memoria colectiva de los argentinos. Para el mundo también constituyó una bisagra […] “Aquellos años eran particularmente duros en cuanto a la problemática que enfrentaba nuestro país y, desde otro lugar, era un momento difícil para el islam en el mundo […]”, recuerda Omar Abboud, que por entonces ocupaba la Secretaría de Cultura del Centro Islámico.

En esas mesas de opinión y difusión de los valores del islamismo, Abboud conoció al padre Guillermo Marcó, ex vocero del entonces cardenal Bergoglio. […] “Nació allí la idea, con el apoyo del cardenal, de crear lo que es hoy el Instituto de Diálogo Interreligioso.” Entre todas las actividades que el instituto realizaba, organizó, por primera vez, la visita del cardenal al Centro Islámico de la República Argentina. […] “Todavía recuerdo las palabras que dejó escritas en el libro de visitas del Centro Islámico: «Doy gracias a Dios, el Misericordioso, por la hospitalidad fraterna, por el espíritu de patriotismo argentino que encontré y por el testimonio de compromiso con los valores históricos de nuestra patria».”