Una vida puesta al servicio de la causa de Evita y Perón

Un recorrido de militancia resultan los recuerdos de la compañera Clementina Florencia Gil. Beba, para quienes la conocemos en el trato cotidiano como encargada del Museo del Pueblo “La muestra de Evita” en la sede central de nuestra Organización.

La edición de sus memorias nos permite transitar el esfuerzo de una mujer que, desde su lugar de trabajadora, se comprometió con una idea colectiva, con un espíritu de época trazado por nuestra inolvidable Eva Perón. Una mujer que luchó, que supo de exilios y torturas por reconocerse como peronista, como transmisora de ideales de justicia social en años en los que esa tarea política podía pagarse con la vida.

A partir de su nacimiento el 26 de octubre de 1924, Beba Gil nos cuenta su crecimiento en el seno de una familia obrera y, desde ese lugar, se pueden revivir los momentos comunes de nuestro pueblo y los pasos que forjaron el nacimiento de nuestro Movimiento.

“Mi padre era empleado del Correo y mi madre, costurera y enfermera de la Cruz Roja. Yo era la menor de tres hermanas. Recuerdo mi juventud en el San Martín, en el Nicolás Avellaneda y, cuando lo tiraron abajo, en el Colegio Roca. Empecé a trabajar a los 19 años y a los 21 ya me había casado. Fue en el ’45, justo cuando las mujeres empezamos a organizarnos detrás de Eva Perón. Colaboré en Ayuda Social María Eva Duarte de Perón y nos reunían en la Facultad de Ciencias Sociales para escucharla a ella”, rememora.

“A veces también escuchábamos allí a Perón. Ellos nos hablaban del resurgimiento de la Patria, de la justicia social, de los derechos de la mujer”, agrega Beba Gil, privilegiada testigo que pudo asistir a las iniciales charlas conjuntas de Evita y Perón.

Ella estuvo en la Plaza el día inigualable. Ese 17 de octubre cuando no dudó subirse a uno de los camiones ante el clamor “Queremos a Perón” replicado en miles de voces.

Jamás abandonaría la causa peronista por más que la vida la llevaría, con los años, a encontrar otro hogar en Chile. Fue una de las mujeres que a la orden de Evita se concentró frente al Congreso para no dejar espacio a dudas en la necesidad de sancionar la ley de voto femenino. Así gritó con fuerza el “Queremos votar” y, tuvo en esos días de lucha, el contacto directo con nuestra eterna e indiscutida líder.

“Después de horas en la plaza, pude entrar en el Congreso por una puerta lateral momentos antes de la votación. Un rato después vi acercarse a Eva que me dice ‘mi hijita, ya está, tenemos el voto’. Volví contenta a la plaza con mis compañeras de Malaver, San Martín y Villa Ballester”.

Ocupó luego un lugar entre las cencistas que registraron por primera vez la cantidad de mujeres en la Argentina. “Sabíamos que había seis millones de vacas, pero no cuántas mujeres, a los animales los contaban, a nosotras ni eso”, es la expresión de Beba que dimensiona las dificultades que nuestras compañeras tenían que afrontar en esos años de lucha. “Fuimos 1500 censistas que en un año y medio anotamos a 3 millones de mujeres”.

Inició entonces el trabajo más fuerte de militancia y fue convocada por la Casa Rosada para viajar a Río Gallegos. Cruzó a Chile y tuvo largas conversaciones con María de la Cruz. En esas charlas siempre estuvo presente la experiencia del Partido Peronista Femenino. La política chilena estaba entusiasmada con las ideas generadas en la Argentina y se comenzó a organizar el Partido Femenino Chileno, a imagen y semejanza la rama de nuestro Movimiento. Beba Gil cumplió allí un rol de trascendencia para la expansión de nuestra doctrina.

Ya convertida en una de las figuras más importantes del Partido Femenino Chileno, nuestra compañera Beba Gil tuvo varias reuniones con el presidente Juan Domingo Perón, tanto en Santiago como en Buenos Aires, donde fue invitada a compartir un té en la casa presidencial durante el cual Perón pidió en varias ocasiones su punto de vista sobre situaciones sociales.

El año 1955 encontró a Beba en Chile y con una misión que se autoimpuso: dar apoyo a los compañeros exiliados. Eran momentos de tensiones, con peligros claros, pero ella asumió riesgos en pos de sostener las ideas y a quienes estaban comprometidos con ellas.

A lo largo de sus memorias queda en evidencia que para ella lo primero era el Movimiento, tal como explicaba Perón. Puso el empeño de su vida en esa consigna.

La oscuridad de las dictaduras militares llegó en los años 70 en cada lado de la cordillera. En Chile fue atacada por ser peronista. El flagelo sufrido en su cuerpo durante días no logró doblegarla, no golpeó su sentimiento, ni su convencimiento, ni su pertenencia.

Su corazón peronista se mantuvo tan intacto como sus ganas de participar en la construcción política para la militancia de la mujer. El legado de Evita sigue en ella siempre presente.

Con el regreso de la democracia en la Argentina busca de nuevo un lugar para participar. Y a mediados de los años 80 conoce a nuestro Secretario General, el compañero Luis Barrionuevo, y a nuestra compañera Diputada Nacional Dra. Graciela Camaño. Encuentra con ellos el espacio para volver a la militancia activa.

Con nuestra compañera Graciela Camaño forman la Organización Femenina Político Sindical y Beba Gil queda al frente de la lista ganadora, en 1988, para el secretariado. Esa relación se mantendrá desde entonces en la lucha por conseguir mejores condiciones de vida para las mujeres. Después de 58 años de militancia, Beba Gil fue electa en 2003 como concejal en San Martín. Un reconocimiento para una vida entregada al esfuerzo colectivo. Su juramento fue claro: “Por Dios, la Patria y estos Santos Evangelios enalteciendo el cargo por la memoria de Perón y Evita”.

Su convencimiento permanece firme e inalterable con los años: “Mi gran sueño es seguir sirviendo a la memoria de Eva Perón”. Todos los días Beba llega a nuestra casa para ratificar ese compromiso como encargada del Museo del Pueblo.

Y en sus propias memorias, Beba Gil nos regala mucho más que el recuerdo de su vida de compromiso político, nos entrega el contexto social en el que debía moverse una militante, nos permite entender los sacrificios personales que demandaba esa tarea. Y nos invita a renovar los esfuerzos hoy para seguir los pasos de quienes marcaron el camino.

“A las mujeres de hoy le diría que se realicen comprendiendo que tienen la suerte de haber nacido en este país, porque tienen una doctrina para adoptar y ejemplos para seguir. Siempre dije que primero soy argentina y después peronista, pero ni una cosa ni la otra la puedo cambiar”, explica Beba.

Es para IPLIDO de la UTHGRA un orgullo y un honor contar con la cercanía de tan invalorable ejemplo de militancia quien diariamente nos incentiva a seguir trabajando por los derechos de las mujeres, de los niños, los ancianos y de los más necesitados. En definitiva, a continuar con el legado de Evita cuya actualidad no ha cambiado.

Compartimos en galería de fotos la tapa del libro Memorias de Beba Gil editado por el Instituto Nacional de Investigaciones Históricas “Eva Perón” y el Archivo Histórico “Ricardo Levene” de la Provincia de Buenos Aires